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Juan de Dios Cerezo Teruel

Cronista Oficial de Guadalupe

Investigador Histórico

Iglesia de Santa María de Guadalupe

Fotografía | PPR © 2018

Ya existía este templo en 1571, edificado en el primitivo lugar del señorío de Maciascoque, constituido en 1554, y que al principio estuvo dedicado a Santiago Apóstol. Finalizando ese mismo siglo XVI, es cuando llegó aquí la Virgen de Guadalupe y tomada como patrona, cuyo nombre se dio al lugar. En 1769 se edificó la torre, sólida obra de ladrillo de sillería rematada con una vistosa veleta que destaca entre las iglesias de las pedanías de Murcia. Hallándose en mal estado por su antigüedad, a lo largo de la primera mitad del siglo XIX se realizó la reconstrucción del templo, según proyecto del arquitecto Francisco Bolarín el Viejo (1768-1835), que acabaría en 1859 su hijo también arquitecto Juan Bolarín Gómez. En 1910-12 se hizo pequeña ampliación del templo y el enladrillado existente en su fachada principal.

Ermita de San Juan

Fotografía | PPR © 2018

El origen de este pequeño templo nació a principios de la década de los ochenta del siglo XX, motivado por al crecimiento urbano que en Guadalupe ya se advertía en la zona noroeste del pueblo. El edificio se hizo reconvirtiendo lo que antes fue un pequeño grupo escolar de patrocinio parroquial, acción que emprendió Fernando Vargas Barba y que después continuó Salvador Chico Soler, párrocos de Guadalupe; finalmente se inauguró las obras definitivas el 23 de junio de 1992, siendo párroco Jesús Velázquez Marín y cuyo acto presidió el obispo emérito de la diócesis Javier Azagra Labiano.

Monasterio de Los Jerónimos

Iniciada su construcción hacia 1705 en la jurisdicción de Guadalupe, siendo inaugurado el 1 de febrero de 1738. La abundante información histórica y artística de este monasterio, obliga a que deba tratarse en un capítulo aparte. Cuando se edificó fue para sustituir la primitiva casa conventual fundada en 1579 por la orden de San Jerónimo en la parte baja de La Ñora, junto a la famosa Rueda, que nació con el título de San Pedro de la Ñora que conservó posteriormente. En el censo del conde Aranda de 1768, figuraba en la jurisdicción de Guadalupe con 25 religiosos y 15 sirvientes, término territorial que se ha mantenido siempre hasta la actualidad. En 1835, los monjes jerónimos fueron exclaustrados y desamortizadas todas sus propiedades aquí al año siguiente, siendo subastado sin éxito el monasterio en 1844; en 1852 pasó su propiedad al Obispado de Cartagena, cedido por el Concordato del año anterior. En esa época sufrió un profundo abandono, pero restaurado posteriormente, en 1878 fue cedido a la Compañía de Jesús, que instaló un noviciado y otros destinos posteriores con esta misma orden que estuvo aquí durante casi un siglo, hecho por el que los jesuitas abrieron un panteón en el cementerio de Guadalupe donde a lo largo del tiempo fueron sepultados unos ochenta religiosos. En el periodo de la Guerra Civil fue tomado por el Ejército republicano, que instaló una escuela básica de pilotos de Aviación que posteriormente se formaban en academias militares europeas. En 1996, el Obispado cedió las instalaciones para establecer aquí la privada Universidad Católica de Murcia.

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Fotografía | PPR © 2018
Fotografía | PPR © 2018

Casa de Los Juaneles

Fotografía | PPR @ 2018

Es una construcción de la primera mitad del siglo XVIII, que junto a otras 16 más de igual características, alineadas a lo largo de unos cien metros en la calle Pelagio Ferrer, que hasta 1927 fue la calle Mayor desde muy antiguo de Guadalupe. Dichas viviendas se denominaban “casas de habitación” que en el Catastro de Ensenada, realizado de 1749 a 1756, pertenecían al presbítero  Mateo Cánovas Alarcón, fabriquero parroquial y vecino de Guadalupe, que las tenía arrendadas a gente del lugar. A mediados del siglo XIX ya pertenecía a José Hernández, patriarca de los Juaneles, laboriosa familia que dio lugar a numerosos y prestigiosos músicos en la histórica banda del pueblo.

El Corralazo

Fotografía: Juan de Dios Cerezo
Fotografía: Juan de Dios Cerezo

Fue una construcción que hubo al norte del monasterio de Los Jerónimos, emblemática en la pedanía de Guadalupe que fue derribada en 2010 para realizar obras de la UCAM, sufriendo el legado histórico de Guadalupe un atentado sin protección por las autoridades murcianas.

Este edificio databa de principios del siglo XVIII, habiendo pertenecido a la orden jerónima, en cuyas cercanías se había levantado el monasterio. Consistía en un corralón para el ganado lanar que tenía la orden, que fue cuantioso por el pontazgo que percibían del Puente de las Ovejas en el río Segura, cerca de la Contraparada. Poseía un torreón con vivienda para el guardián del recinto. A mediados del siglo XIX, tras ser subastadas diversas propiedades que pertenecieron a los monjes jerónimos, los campos existentes al norte del monasterio pasaron a propiedad de José Echeverría Artola, con el Corralazo incluido, un terrateniente murciano que en Guadalupe ya tenía la hacienda Torre de Zoco.

Torre Falcón

Fotografía | PPR © 2018

Casona emblemática que históricamente fue siempre parte integrante de Guadalupe y que, por decisión unilateral del Ayuntamiento de Murcia, se incluyó en territorio del barrio de Espinardo (casco urbano de la ciudad) tras la entrada en vigor del Plan General de Urbanismo de Murcia en el 2001.

Es una construcción de principios del siglo XVIII, que fue del murciano marqués de Ordoño; posee un gran pino con importante antigüedad, situada junto a la autovía A-30, entre Guadalupe y Espinardo. A mediados del siglo XIX fue propiedad del empresario Antonio Guerrero que fue alcalde del partido de Guadalupe desde 1872, quien en esta casona mantuvo entonces un apreciado negocio de hilados de seda, mientras que en su patio-aprisco custodiaba de 1879 a 1887, contratado por el Ayuntamiento de Murcia, las reses bravas que después se toreaban en la ciudad, en la antigua plaza de toros de San Agustín, siendo trasladadas hasta dicho lugar mediante encierros por vereda.

Torre del Zoco

Fotografía | PPR © 2018

Es una casona histórica de Guadalupe, perteneciente a  los condes de Montemar, familia con antecedentes en la pedanía desde finales del siglo XVIII; su origen fue una hacienda rural de la familia murciana de los Zoco desde tiempos anteriores. Durante el siglo XIX, con la familia Echeverría existió aquí una almazara que, al igual que la que hubo hasta 1835 en el monasterio de Los Jerónimos, cosecharon aceite de excelente calidad como se decía entonces. En 1914 heredó esta hacienda, junto a la del Corralazo, la condesa de Montemar con título rehabilitado dos años antes y su consorte el marqués de Peñacerrada inició una importante reconstrucción de la Torre de Zoco, que en principio era una villa rural con residencia temporal para la familia de los Echeverría. Aquí fallecieron algunos de sus miembros, como el que fue su más popular propietario José de Echeverría y Artola en 1873, muy conocido en Guadalupe; su joven sobrino Ángel de Echeverría durante el cólera de 1885; su nieta Mª Concepción de Echeverría en 1915, marquesa de Villalba de los Llanos.

Villa de la Molineta

Fotografía: Juan de Dios Cerezo

Construcción de recreo familiar levantada antes de 1880 por el negociante y banquero Eleuterio Peñalver, vecino de Murcia pero nacido en Cartagena que  se vinculó con la familia La Cierva; situada al norte de Guadalupe, en una finca que ya entonces se conocía por La Molineta, nombre devenido del aparato para elevar agua de un pozo existente en la extensa finca de secano donde se hallaba. Después la heredó su hija mayor Patrocinio Peñafiel y Martínez, que aquí vivió y murió en 1927, siendo vendida a continuación la hacienda a la Diputación Provincial de Murcia por la única hija de aquella, María González-Villazón y Peñafiel esposa del senador real Joaquín Codorníu y Boch. Dicho organismo provincial proyectó instalar aquí un nuevo Manicomio Provincial, pero chocó con el enfrentamiento vecinal de Guadalupe, cediéndose la hacienda para que el Ministerio de Agricultura creara una Estación Pecuaria Regional que fue inaugurada en 1934, destinándose la villa señorial para establecer la dirección del centro.

Casa de Santa María

Fotografía | PPR © 2018

Construcción clerical que fue iniciada hacia 1895, estando finalizada antes de 1905. La edificó el presbítero guadalupano Mariano Hernández Martínez (1867-1940), personaje de economía bien posicionada que dejó su destino parroquial por un apacible retiro junto a su familia en Guadalupe. El nombre de Santa María quizá fue adoptado por el cura en recuerdo de su madre llamada María, mujer de fuerte talante matriarcal, y abundar en los varones de su familia, popularmente conocida por los Marianetes, el nombre de Mariano como él mismo se llamaba. La fachada de la casa conserva rejas de su época inicial, con líneas clericales y estilo tradicional murciano, que también aparece en su primitiva carpintería.

Convento del Sagrado Corazón de Jesús

Fotografía | PPR © 2018

Fue inaugurado en Guadalupe el 9 de octubre de 1993 por la comunidad de monjas Esclavas de Cristo Rey como casa de oración con proyección nacional en una parcela de casi 11.000 m² junto al pueblo. Esta nueva casa conventual sustituyó a la que la misma orden religiosa mantuvo desde el año 1956 en una parte del cercano monasterio de Los Jerónimos, ocupando también lo que fue casa de jesuitas expulsados de Portugal en 1915-20. Este nuevo convento fue proyectado por Carlos Abadía y otros dos arquitectos de su despacho en Murcia.

Azud de Guadalupe

Fotografía | PPR © 2018

Es una obra hidráulica de considerable antigüedad, que antaño tuvo gran popularidad en Guadalupe, localizada en la zona sur de la urbanización Agridulce; está sobre el cauce de la rambla de Echeverría o Zoco, que en el pasado se llamó de los Lisones. Es una presa arqueada en su coronación, de doce metros de largo y cinco de altura, aunque los arrastres cubren buena parte del lecho de la rambla. En cada uno de sus dos laterales existen aliviaderos para las aguas de lluvia que embalsaba la presa y procedían de las vertientes de la rambla que nace al sur del Cabezo Blanco, en Guadalupe. La presa está construida con bloques de piedra en sillería, que ya hace suponer su antigüedad que pudiera tener origen hispano romano, aunque tiene pendiente su estudio arqueológico. Está bien conservada, aunque ha sufrido alguna invasión urbanística en su entorno. Durante el siglo XIX, las aguas embalsadas en esta presa o azud, que también fue denominada del Mellado, protagonizó litigios en propietarios colindantes.

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